Mitos que justifican la existencia de los ejércitos (y concretamente el español)
1.- No es cierto que los ejércitos sean imprescindibles tal como están las cosas en el mundo. De hecho esa es una idea pesimista y alarmista que hacen circular quienes están interesados en que el mundo siga siendo como es y no cambie, tratando de que cale en la sociedad, que la gente tenga miedo y esté a favor de la existencia de todo tipo de instituciones armadas supuestamente defensivas. Hay multitud de pequeños países en el planeta que no tienen fuerzas armadas, entre ellos Islandia y Costa Rica –que no está en una zona del mundo muy tranquila precisamente- y a nadie se le ocurre ir a invadirlos.
2.- Es falso que los ejércitos de los países del primer mundo estén para “defender a la patria” como suele decirse en sus respectivas constituciones. Hoy por hoy la guerra entre estados soberanos solo sucede en el tercer mundo, y prácticamente siempre a instancias de alguna potencia occidental que tiene intereses económicos para sus empresas en la zona, o de alguna multinacional de armamento que ha decidido que debe dar salida a sus stocks con ayuda de gobiernos locales sobornados y corruptos.
3.- La verdadera naturaleza y función hoy por hoy de los ejércitos occidentales, entre ellos el español, y su razón de existir, simple y llanamente es mantener la privilegiada economía de sus diferentes naciones. Por ello, lejos de quedarse en sus cuarteles custodiando el territorio nacional por si sobreviene la inverosímil invasión extranjera, se reparten por diferentes escenarios del planeta, en su mayoría áreas del tercer mundo ricos en materias primas o que están en las rutas necesarias para transportarlas. La función de estos ejércitos es diversa, pero siempre es económica. Hay misiones militares dedicadas a abrir vías de penetración a empresas nacionales de extracción de materias primas o de reconstrucción (Iraq, Chad, Congo…) las hay que pretenden controlar rutas vitales para el transporte de esas materias primas (Afganistán, Somalia…) otras se dedican a colocar áreas antes no controladas por el sistema comercial occidental y la moneda dólar/euro en esa órbita (Balcanes, Kosovo, países bálticos…) y otras directamente a colaborar con los intereses geoestratégicos de EEUU, que luego paga por ejemplo con sillones en las cumbres mundiales, con espacios para la penetración de empresas españolas como Repsol en las áreas que controla o con compras millonarias a las empresas de armas nacionales (Lïbano, Haití, Iraq, Afganistán). No hay intervención militar española en el extranjero que no obedezca a alguno de estos intereses. Por ejemplo a detener bombardeos sobre civiles en Gaza no van, aunque tengan tropas cerca.
4.- No es cierto que las tropas occidentales presentes en el tercer mundo estén “manteniendo la paz”, por mucho que los políticos pretendan engañar a la opinión pública utilizando esta terminología diseñada en cuidadas campañas de marketing. En la mayoría de estos países las tropas directamente están haciendo la guerra. En Iraq no había guerra alguna hasta que desembarcaron nuestras tropas a “mantener la paz”. En Afganistán había una guerra de baja intensidad y muy localizada en la frontera norte. Las operaciones militares occidentales de “mantenimiento de la paz” han generado en ambos estados una guerra total que dura años y años, en la cual la mayoría de las víctimas son civiles. Y así se podría seguir conflicto por conflicto. A Líbano las tropas llegaron cuando ya no había operaciones bélicas, y con la única misión de sustituir a las anteriores tropas israelíes invasoras. La guerra de Kosovo la inició EEUU creando y financiando una guerrilla independentista llamada UCK, lo cual le sirvió de pretexto para bombardear –ilegalmente según la ONU- la Exyugoslavia (por cierto con ayuda de una escuadrilla de cazabombarderos españoles). Tras la rendición de Serbia se ocupó militarmente Kosovo, no para mantener ninguna paz sino para facilitar su independencia y convertirla en un estado satélite y auténtico portaaviones de EEUU en la zona. En la guerra de Bosnia tres cuartos de lo mismo. Las tropas de la ONU (entre ellas las españolas dejaron pudrirse la manzana mirando para otro lado cuando los serbios y croatas realizaban sus matanzas hasta que EEUU decidió que había llegado el momento de cobrarse la pieza y desmembrar el país a su interés. Etc etc. Podría escribir mucho sobre todo esto, y por supuesto daré con gusto los datos que apoyan mis afirmaciones a quien me los pida.
5.- No es cierto que los ejércitos se dediquen fundamentalmente a tareas humanitarias. Según datos del propio ministerio de defensa sólo un 1% del gasto de la misión en Afganistán, que es cuantiosísima, se emplea en ayuda humanitaria. Los ejércitos no existen para ser oenegés. De eso se quejan incluso militares españoles de alto rango, de que a base de tratar de disfrazar de rosa ante la opinión pública lo que el ejército es, los políticos han llegado a desvirtuarlo. Un ejército existe para ejercer la política por la fuerza de las armas, y esa es su razón de existir. Para ello se recluta gente, se la forma, se las entrena, y se gasta un pastón en armamento y no en lápices. De unos años a esta parte los políticos tratan de “adornar” la misiones militares en el extranjero, que como he dicho antes tienen sus claras motivaciones económicas, con todo tipo de gestos de cara a la galería, y especialmente de cara a la televisión. Militares que reparten comida a la gente, que juegan con los niños, que curan enfermos etc etc. Propaganda, propaganda y propaganda. La realidad es que ese tipo de actividades nunca son la razón de la presencia militar en un escenario bélico en el extranjero. Se va a otras cosas, pero aprovechando que se está allí y que se tiene tiempo libre (si se tiene, porque en Afganistán van de culo y bastante hacen con seguir vivos) pues el ministerio de defensa se gasta unas migajas de su enorme presupuesto en estas tareas que le son tan rentables mediáticamente y que tan bien se esfuerzan en difundir, al contrario que otras cosas que suceden en estos sitios. Lo cierto es que este tipo de intervenciones dudosamente “humanitarias” que realizan en estos lugares los ejércitos están muy denunciadas por todo tipo de organizaciones independientes de solidaridad que trabajan en esos países. Están denunciadas porque usurpan su tarea y acaban poniendo en peligro a los cooperantes, que acaban siendo inindistinguibles de los soldados por parte de la población de esos lugares. También están denunciadas porque la ayuda que dan es ínfima y su coste es máximo. Hay todo tipo de estudios, que con gusto os puedo hacer llegar, que comparan el coste de actuaciones militares “humanitarias” con actuaciones similares realizadas en esos sitios por oenegés independientes. La diferencia de costes y resultados es un verdadero escándalo. Por último decir que si realmente las misiones militares en estos lugares obedecieran a una verdadera sensibilidad e interés humanitario, con el dinero que se gastan en desplazar un ejército con todo su arsenal se podrían enviar ingenieros, bomberos, médicos, es decir auténticos profesionales en su oficio, convenientemente formados, y no gente cuyo oficio es el de guerrear y que colateralmente hace otra cosa. Además se les podría enviar con todo tipo de materiales y de fondos para hacer una labor verdaderamente eficaz y duradera. Sobre esto copio un texto:
¿Cual es realmente la eficacia de los ejércitos como agentes de ayuda humanitaria?
Jordi Raich, coordinador de proyectos humanitarios y escritor (
www.jordi-raich.com)
Texto tomado del libro “Humanitarismo militar, Militarismo humanitario”, editado por el Centre Delàs:
“El ejército regala arroz sin hacer estudios nutricionales. Monta hospitales para operar gente de cáncer cuando los problemas más grandes son las diarreas. Instala motobombas en los pozos para sacar el agua en vez de utilizar cubos, sin prever quien pagará el combustible ni de dónde saldrán las piezas de repuesto cuando se estropeen. Reparten medicamentos sin seguir los protocolos de sanidad. Apenas proporcionan formación a las víctimas y ni se les pasa por la cabeza pensar en la continuidad o la sostenibilidad de los proyectos. Básicamente, los reclutas curan y alimentan a las poblaciones los meses que dura su invasión particular. Después, recogen los trastos y se van con la conciencia tranquila, convencidos de haber hecho un gran trabajo.
(…)
Por definición lo que las fuerzas armadas hacen no es salvar vidas, sino intentar limitar el número de muertes, sobre todo entre sus propias filas. Y matar a poca gente es muy diferente que salvar vidas, aunque muy a menudo se mezcla una cosa con la otra. El paradigma de esta farsa es esta combinación de la que he hablado antes, de balas y arroz, que equivale básicamente a defender las víctimas primero y matarlas después, o por tranquilidad de nuestras conciencias, matarlas con el estómago lleno.”
6.- No es cierto que acabar con los ejércitos sería eliminar puestos de trabajo. Estamos hablando de que la sociedad destina un auténtico dineral en pagar a personas que realizan un trabajo que carece de utilidad social, y que desde la óptica de algunos –entre los que me incluyo- es claramente nocivo. Lo mismo podemos decir de las personas que trabajan en la industria armamentística fabricando artefactos que después serán empleados, como estos días en Gaza, en acabar con la vida de personas inocentes. No pedimos que toda esta gente pase al paro. Es muy sencillo. El presupuesto militar, sin aumentarle un céntimo y con toda seguridad con un gran ahorro para el erario público puede seguir utilizándose para seguir empleando a estas personas en otras tareas más socialmente útiles. Se me ocurren mil necesidades sociales que podrían ser más y mejor atendidas. Lo mismo para los trabajadores de las industrias de la muerte. Deben dejar de fabricar armas y dedicarse al sector civil (la mayoría de estas empresas producen bienes de doble uso y ya tienen un pie en cada lado de cada sector).
Saludos.